Posts Tagged ‘Lorenzo Milá’

Desde Washington, ¿para qué?

noviembre 4, 2008

td1_washington

La pugna electoral estadounidense entre Obama y McCain, adjetivada con toda clase de hiperbólicos epítetos y grandilocuentes retruécanos, está ocupando, como no podía ser menos, el foco central del flujo catódico, tanto en los informativos propiamente dichos, como en toda clase de magazines y programas de entretenimiento.
Las cadenas españolas, en línea con la americanomanía patria (ya sea en forma de filia o de fobia, que de todo hay), han destacado a parte de sus bustos parlantes estrella a diversas capitales estadounidenses para simbolizar la priorización dada a la cobertura del evento electoral.
No deja de resultar algo extemporánea esta pervivencia atávica de la presencia física del presentador (y del plató que lleva anexo) en el lugar de la noticia. En una época de frondosidad y práctica simultaneidad global del flujo mediático, de permanente conexión a las fuentes digitales y de continium informativo, resulta ciertamente anacrónica e innecesaria esa presencia física en el lugar de la noticia, al menos en el caso de los rostros encargados del relato informativo, tal vez no en el caso de reporteros o periodistas a pie de calle, capaces de darle un sesgo personal o de aportar un cierto valor añadido a la estandarizada y globalizada noticia.

hilario_pino

Sin embargo, estos días vemos a los rostros populares de los servicios informativos de las diferentes cadenas generalistas nacionales y autonómicas (Pino en Tele 5; Ana Blanco y Lorenzo Milá en TVE1; Resano y Mamen Mendizábal en La Sexta; Roberto Arce en Antena 3; etc…), destacados en Washington, Nueva York o Miami, a modo de corresponsales corporativos, convertidos en simbolización corporeizada de la seriedad y profesionalidad otorgada por las cadenas al evento objeto de cobertura. Al final, el rostro y la persona mantiene su fantasmagóricoy algo vetusto predominio, frente a la volatilidad de los flujos, la multipantalla y la ubicuidad on-line.

*****

Gallardón, ante el Senado popular

septiembre 17, 2008

Poco a tardado TVE en volver a poner en marcha uno de los productos que mejor resultado le dieron la temporada pasada, uno de los escasos programas que destacaron por la innovación y solvencia informativa que debería ser moneda común en una cadena pública. Me estoy refiriendo a la multi-entrevista política Tengo una pregunta para usted, protagonizado en esta ocasión por el alcalde de Madrid y destacado miembro del PP, Alberto Ruiz Gallardón, último visitante de un plató por el que ya han pasado Zapatero, Rajoy, Carod Rovira o Luis Aragonés, con notable éxito de audiencia.
Presentado como una democratización de la entrevista política, como un acercamiento de los habitualmente distantes políticos a la gente de la calle; en realidad, se trata de una calculada y cuidada operación, en la que una empresa de mercadotecnia política y demoscopia selecciona, tras un proceloso proceso de casting y preparación previa, a 100 ciudadanos, supuestamente representativos de todo el país, buscando cubrir todo el espectro social, en sus diferentes niveles geográficos, de edad, clase social o dedicación profesional.

Pese a que sus creadores se cansan de insistir en la veracidad y transparencia del producto, no deja de sobrevolar sobre el mismo la sospecha conspiranoica de componenda y preparación. En una buscada escenografía de hemiciclo popular o bulliciosa aula universitaria, las preguntas formuladas por los ciudadanos, sabiamente moduladas, variadas y dosificadas, van formando una completa panóramica, lo que dio lugar a que, durante más de dos horas, Gallardón tuviera ocasión de explayarse a gusto, gustándose y rozando la cursilería, demostrando ser uno de los más preparados animales políticos del panorama nacional, cosa ya conocida.
No se trata de profundizar en aspecto alguno, sino en poner a prueba, en línea con la línea superficialista y banalizadora en boga (a lo 59 segundos, vaya) la capacidad actoral, el domimio de las tablas y de la improvisación del político de turno, lo que da pie al predominio de la finta dialéctica u al imperio de la anécdota (no en vano, lo más recordado de estos programas suele remitirse a episódicos chascarrillos y anécdotas momentáneas: el café de Zapatero, el me llamo de Josep Lluis de Carod, etc…).
En la entrega dedicada al alcalde madrileño, destacaron los highlights en que tuvo que contestar a preguntas sobre Esperanza Aguirre o el libro de su suegro, el ex-ministro falangista de Franco, Utrera Molina, así como cuando le intentaron obligar a decantarse en la pugna electoral norteamericana entre Obama y McCain. Un pequeño tic en la nariz detectaba la incomodidad del personajes, quien, por otro lado, desplegó sus mejores dotes, dominando la escana y dando rienda suelta a su reposada oratoria, con cierta querencia por el cultismo cursi del que suele hacer gala.

*****