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‘El hormiguero’, flirteando con el desastre

septiembre 3, 2008


Esta semana ha regresado uno de los programas emblemáticos, en la escasa temporada que lleva en antena, de Cuatro: El hormiguero, concebido y capitaneado por Pablo Motos y un nutrido equipo de colaboradores entre los que destacan Flipy, Marron, Raquel Martos o Juan Pedro, entre otros.
Regresa al access-prime time de la cadena de Prisa con el mismo estilo y parecidos contenidos a los que desarrolló en la pasada campaña.
El espacio busca un entretenimiento blanco, como de novatada juvenil o de broma de colegio mayor, un sano gamberrismo neutro, que trata de no caer en la parodia o el metalenguaje referencial, ni tampoco en los omnipresentes contenidos amarillos y rosas.
Con el apunte humorístico de un par de teleñecos, las hormigas Trancas y Barrancas, que continuan la nutrida y, en ocasiones, memorable nómina de muñecos de trapo que en la tele han sido, el tramo central del programa lo ocupa una desenfada entrevista a algún personaje popular (en estos días han desfilado Xavier Sardá o Santiago Segura), al que se le hace participar en lo que viene a ser la parte más celebrada e identificatoria del producto: alocados experimentos de laboratorio de instituto o desquiciadas pruebas de todo tipo, en una especie de adaptación suavizada y sui generis de programas tipo Jackass o cualquier otro de bromas televisivas. Sin embargo, no siempre el éxito ha acompañado a estas pruebas; al contrario, las pifias y fallos han devenido en lo más popular y comentado del invento, repetido hasta la saciedad en otros programa de zapping o en el consabido youtube de la red. A veces, incluso ha podido sospecharse la intencionalidad de esa repetición del error y la pifia, en una especia de celebración de la falibilidad del directo televisivo, aunque en la explicación más pausible y normal cabe endosarle a la imprevisión y premura de tiempo la culpa de tamaño descontrol.

Hace un par de días, Motos llevó esto hasta el último extremo y, tras introducirse en un contenedor de plástico que se llenó de corcho blanco hasta el tope, tuvo que escapar, mareado y deprisa y corriendo, tras abrirse dicho contenedor, ahogándose prácticamente tras tragar suficientes bolillas de corcho como para pasarlo angustiosamente mal. Lo mismo le ocurrió a su colaborador y compañero de fatigas en la pruega, Marron, que también lo pasó mal en directo.
Aunque la sospecha conspiranoica de componenda y montaje siempre acecha al avezado televidente, no parece ser éste el caso, sino más bien un exceso de verismo gamberroide en busca de una diversión que no parece producirse en tan alto nivel como se podría suponer de tan kamikaze esfuerzo, digno de mayores empeños.

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