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Cumpliendo con el expediente

diciembre 8, 2008

La televisión pública, dado su carácter institucional, se ve obligada a tomar la iniciativa y celebrar toda aquella efeméride política o social relevante, dedicando esfuerzos a la cobertura informativa de las celebraciones y completando la oferta con algún programa especial.
Eso mismo ha sucedido con las recientes celebraciones del 30 aniversario de la Constitución Española. Sin embargo, comparado con otro tipo de fastos y remembranzas, el resultado ha resultado algo gris y deslucido.

ESPAÑA-ANIVERSARIO CONSTITUCIÓN

El pasado sábado, la Primera emitio un programa especial, grandilocuentemente titulado El espíritu de la democracia, ideado y realizado por el equipo de Informe Semanal. Iniciado con una intervención de los Alcántara (igual valen para un roto que para un descosido) a modo de (falsa) escena de Cuéntame cómo pasó, en un recurso que empieza a resultar cansino (sinergias de cadena y share obliga, supongo), la mayor parte del programa estuvo centrado en las entrevistas a alguno de los redactores ponentes de la Constitución (lo de padres me parece excesivo). Los Fraga, Carrillo, Herrero, Roca, Peces Barba o Guerra desgranaron anécdotas con tono autosatisfecho y algo engolado, aunque ya parecen empezar a mostrar algo de cansancio y melancolía (cosas de la edad y la repetición a golpe de calendario de las hazañas de la transición, amén del tono elegiaco obligado en el caso del recuerdo de compañeros fallecidos como Abril Martorell o Cisneros o lamentablemente aquejados del mal de Alzheimer, como Suárez o Solé Tura, representado en el programa por su hijo).
El plato, enjundioso pero con aroma a precocinado y muchas veces saboreado, fue completado con segmentos misceláneos, a modo de recordatorio de la vida social y cotidiana de los españoles en aquel ya lejano año 78, en un nuevo ejemplo de que el repertorio de archivo del Ente público siempre es un surtido almacén del que extraer preciosas gemas para la nostalgia, y cerrado con el simpático colofón de un retrato dibujado por el gran Forges (doña ‘Consti’, según el maestro), a las puertas de los leones del Congreso.

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En esta misma semana, ya habíamos visto a los mismos protagonistas políticos en un debate con motivo de la efeméride, en el plató de 59 segundos, donde abandonaron algo más el envaramiento institucional y se enzarzaron en jugosas trifulcas a propósito de la memoria histórica, con Carrillo y Fraga en papel destacado de primeros espadas.
Igualmente, en la mañana del sábado la Primera realizó una sobria y disciplinada cobertura de los actor conmemorativos de la celebración oficial del aniversario, desde la entrada de las Cortes, con presencia de los reyes y las más altas magistraturas del Estado, conducido por una sobria y competente Pepa Bueno (convertida desde hace un tiempo en referente informativo de la cadena pública, en chica para todo).
Pese al despliegue y la pertinencia y solvencia del tratamiento, queda en el ambiente un cierto aire de expediente cumplido sin excesiva imaginación, de funcionarial trabajo escasamente apasionado y punzante. Quizás haya sido lo mejor no añadir más leña al fuego que pudiera ser aprovechada por unos y otros, pero las capacidades de TVE se me antojan susceptibles de mayores logros, especialmente en el terreno de la memoria colectiva.

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Pisando la alfombra roja

septiembre 4, 2008

Cuando las salas de cine lujosas y palaciegas languidecen y desaparecen en todas las ciudades y los estrenos cinematográficos, salvo contadas excepciones mayormente hollywoodienses, se estrenan de tapadillo o con someras presentaciones a la prensa, lejos del boato y la lentejuela propia de los multitudinarios estrenos de antaño (en la Gran Vía madrileña, por ejemplo),  se desenpolva la alfombra roja y se se saca brillo a reflectores y focos para el pre-estreno en sala de cine de las más exitosas series televisivas de la ficción nacional.
Parece ser la última moda en cuanto a promoción y pegada publicitaria, en línea con la imperante hiperespectacularización a la americana. El glamour y la fandemia, antes estaba reservado a las megaestrellas del celuloide, acompaña ahora a las jóvenes promesas y a los ídolos catódicos de las series de mayor audiencia.
El preestreno a bombo y platillo, en una gran carpa montada al efecto en el Palacio de Deportes, del primer episodio de la segunda temporada de la exitosa Sin tetas no hay paraíso, de Tele 5, arropado por la presencia del idoltrado Duque de la ficción (el actor Miguel Angel Silvestre) y su cohorte de bellezas encabezadas por Amaia Salamanca ha marcado el punto culminante de una tendencia a la que se están sumando ya la veterana y popular serie retro de TVE, Cuéntame como pasó, que ha hecho lo propio con el episodio inicial de la que ya es su décima temporada en pantalla, o el primer episodio de la tercera campaña de El síndrome de Ulises, ésta de Antena 3 y también protagonizada por el ídolo de adolescentes, Miguel Angel Muñoz.

Cabe recordar que esta estrategia mercadotécnica ya fue empleada por las cadenas la temporada anterior, con estrenos multitudinarios del último episodio de la mencionada Sin tetas no hay paraíso o el episodio-clímax de la metamorfosis y boda de la protagonista en Yo soy Bea, la telenovela de las tardes de Tele 5, si bien habría que remontarse para encontrar sus inicios a eventos similares organizados por la autonómica catalana TV3 para dar bombo y platillo a sus telenovelas de éxito.
La fórmula beneficia a ambas partes: las cadenas obtienen publicidad y presencia mediática, incluso en los informativos (convertidos en ramificaciones de márketing de las cadenas, habitualmente), multiplicándola con la sinergia autoreferencial con que suelen operar; y las salas de cine, enfermas terminales, reverdecen laureles de glamour y fanfarria, quizás por última vez.
Al menos por un tiempo, mientras la fórmula no de síntoma alguno de agotamiento y provoque el desdén del público, parece ser que los photocall sobre la alfombra roja, versión castiza, van a ser plato habitual en el menú catódico de la temporada.

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