Archive for the ‘Tendencias’ Category

Jibarizada vuelta al mundo

febrero 17, 2009

Que la telerrealidad es una tendencia ampliamente implantada en nuestro panorama catódico lo demuestra el hecho de su tendencia a la mastodontización, a la hipertrofia grandilocuente y la dinosaurización, tendencia habitual en cualquier formato en crecimiento y mutación. Ejemplo de dicha tendencia e hibridando la primacía relacional e interpersonal propia de todo reality convivencial con elementos competitivos y paradeportivos propios de los reality de supervivencia y superación (pruebas, situaciones límites, etc…), añadiéndole además el plus de la estructura itinerante on the road, mayormente en países extranjeros (con la consiguiente dificultad añadida del extrañamiento cultural para los concursantes), el megareality La vuelta al mundo en directo (título de ridículas resonancias literarias a lo Verne) había venido siendo presentado e hiperpublicitado como una de las apuestas estrellas de la temporada en Antena 3, intentando sumarse a la tendencia iniciada en nuestro país por la exitosa primera edición de Pekín Express, en Cuatro.

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Con una fase previa de calentamiento y generación del interés a base de castings y reportajes, emitida en magazines de la casa como Tal cual lo contamos y confiada al tránsfuga tronista Efrén Reyero (quien demostró prontamente lo mucho que le venía grande el encargo), el programa comenzó (quizás apresuradamente) sus emisiones confiando en sus posibilidades de convertirse en ese format killer que anda buscando desde hace tiempo la cadena, capaz de retroalimentar sus decadentes magazines y talk shows y proporcionar un alza general de las audiencias. Incluso reclutaron como conductor a uno de los rostros populares de la competencia, un Oscar Martínez quien, sobrepasado por los acontecimientos, ya debe estar preguntándose por qué aceptó el envite y consolándose mirando el extracto de su cuenta corriente, y montaron, como obligada guarnición online, un canal en youtube y una completita web participativa con ramificaciones en Facebook y Twitter.

Así empezó todo…

Con  tan sólo un par de emisiones en el prime time dominical, desde su comienzo en Venecia, lastradas por la indefinición y la heterogeneidad (esos coloquios paralelos en plató con gente en plantilla como el inefable Miguel Temprano, el ínclito y estólido Efrén, la megahortera estilista de Supermodelos o la tele-psicóloga de guardia) y el alargamiento plúmbeo de las mismas, así como plagadas de numerosos errores en las conexiones y en la presentación de los concursantes y las normas del concurso (no son los grandes formatos de telerrealidad el punto fuerte de Antena 3, claramente), el share no ha respondido a las espectativas y el público no se ha enganchado a los avatares de las parejas concursantes (sólo es posible que acceda al status de friki-celebrity una Pamela Anderson clónica eliminada a las primeras de cambio), ni siquiera pese al (¿fortuito?) abceso sensacionalista de la eliminación de uno de los concursantes (Cyril Jacquet) al descubrirse su pasado parricida, enseguida convertido en excusa para uno de esos pseudo-debates ombliguistas y aurorreferenciales para escarbar en el morbo y ondear al mismo tiempo la bandera de la tan manoseada deontología periodística. Impelidos por las prisas habituales y por los (presumibles) altos costes del engrendo, los rectores de la cadena han optado por la inmediata jibarización del road reality, reduciendo su duración a apenas un par de semanas y acelerando sus procesos, además de trasladarlo al menos competitivo late night. Un recurso fácil y de compromiso, que empieza a convertirse en habitual en estos casos (recordemos los casos recientes de Circus o La batalla de los coros, entre otros), intentando con ello salvar los muebles y dar una salida digna al producto, aunque no logran ocultar la magnitud del batacazo.

Video del ‘caso’ Cyril Jacquet

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¿Se agota la vía penal?

febrero 11, 2009

Con una cuota de audiencia muy por debajo de las expectativas se saldó la comparecencia del bailarín flamenco, ex-convicto y homicida involuntario, Farruquito, en el corrillo bullicioso y parlanchín de DEC (el otrota título del programa, ¿Dónde estás corazón? se ha reconvertido y apocopado, según mandan los cánones del vigente lenguaje SMS que asolan la tele), enésima y última muestra del subgénero de entrevista por la vía penal, casi subjudice, que ha gozado de gran éxito en nuestras televisiones en los últimos tiempos, donde han comparecido gente que suma a su condición de (un pelín trash) celebrity el plus de la comisión de delitos, gente de la calaña de Mario Conde, Roldán y (rey de reyes) el ex-alcalde marbellí, Julián Muñoz, acaparando minutos de prime time dignos de mejor causa.
Gracias la connivencia entre medio y entrevistado, al mutuo aprovechamiento de ambos (share para la tele; inyección crematística para el compareciente famoso), la operación parecía estar resultando beneficiosa para todas las partes, bendecida además por el seguimiento del telespectador.

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Convertido el sanedrín de contertulios rosas en plató en paralelo tribunal popular (con la vena infartada de la Patiño dispuesta a someter al reo-entrevistado en simbólico ecce-homo a golpe de pregunta insidiosa y comentario sensacionalista, al mismo tiempo, dichas entrevistas le ofrecían a éste (por un módico estipendio) la posibilidad de autoflagelarse dolientemente, de redimirse ante la atenta mirada del ojo social tras la dolorosa catarsis de la confesión y el arrepentimiento público. Con todo ello, se confecciona una especiada ensalada, bien surtida de morbo, demagogia y tremendismo periodístico, con el postre añadido de un pseudo debate posterior entre los mismos entrevistadores y colaboradores, a cuenta de manosear una vez más conceptos tan sobados y desnaturalizados como ética periodística o deontología profesional, convertido el show en una jeremiada autojustificativa a costa de excusar la función ofrecida en base a los deseos de la audiencia o el interés informativo de dichas cuestiones, pese a haber lapidado dichos comportamientos cuando los ha llevado a cabo la competencia (Tele 5, off course, habitual primera dama en este tipo de festejos catódicos).

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Pero, oh sorpresa, héte aquí que el edificio empieza a hacer aguas precisamente por esos cimientos que sirven excusas disculpatorias a sus responsables. las cifras de audiencia, ya que el personal empieza a dar signos de cansancio, a mostrarse reticente a concurrir a este tipo de akelarres catódico-judiciales donde se le convoca a tirar la primera piedra, para luego dejarle al margen en el reparto del sabroso pastel. Ya era hora. A ver si el compungido y arrepentido rostro de Farruquito es el último que vemos en uno de estos cadalsos televisivos a precio de oro.

Un viaje psicoterapeútico

febrero 10, 2009

La telerrealidad actual entroniza a la gente común, a esa ordinary people susceptible de pasar al otro lado del espejo catódico para ser protagonista y no sólo simple espectadora pasiva del espectáculo televisivo, mostrándose especialmente ávida de escudriñar y espectacularizar sus aristas y conflictos, sus quiebras cotidianas. Conocido era su interés por los sucesos y los avatares íntimos y cotidianos de la gente anónima, ingrediente básico y esencial en talk-shows, informativos y magazines del más variado pelaje, así que era cuestión de tiempo que un reality show se ocupara de gente con problemas, con traumas y conflictos personales de todo tipo, a la busca de su sanación mediante la experiencia mediática.

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Basado en una idea patria que debemos a sus creadores, Adrián Madrid y Oscar Cornejo, en cuyo bagaje en el medio encontramos su participación en heterogéneos productos como La Noria, Aquí hay tomate u Hormigas blancas, el nuevo talk-reality de Tele 5, La Caja (¿guiño irónico hacia el habitual sobrenombre peyorativo de la propia tele?), nos propone un trayecto psicoterapéutico en vivo, a aplicar a las criaturas que concurren a su reclamo, todas ellas víctimas de situaciones traumáticas, dolorosas pérdidas, traumas insuperables o problemas psíquicos de diversa índole.
Sentados y despatarrados en una especie de butaca de dentista, encerrados en un espacio prismático formado por paneles de video, con una única abertura cenital (lo que propicia el uso y abuso de tomas aéreas y cenitales), los invitados-pacientes son sometidos a un dosificado y meditado (se supone que ha habido sesiones preliminares con el equipo de especialistas para pergeñar cada terapia audiovisual) exposición a imágenes, sonidos, olores, palabras, fotografías y textos relacionados con su patología.
Así pues, a ritmo de una omnipresente música incidental (perteneciente a la banda sonora del film In the mood of love), sin mediación de presentador alguno (un nuevo ejemplo de postergación de la mediación del periodista profesional, considerada innecesaria y distanciadora), aunque punteado por los (presuntamente) balsámicos y sedosos comentarios y consejos de unos coach en permanente off, el programa somete a sus criaturas, mediante el envolvimiento sensorial y el repaso dialogado a los avatares vitales que les han conducido a su degradada situación actual, a un viaje con intencionalidad terapeútica y regeneradora, al que, asimismo, quedamos invitados como espectadores, susceptibles de alcanzar un alto grado de identificación y conexión con los protagonistas (innegable, dado el alto seguimiento popular de que han disfrutado las primeras emisones del invento).

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Intercalando sucesivamente las tres historias de que se nutre cada entrega, pausando y ritualizando la escalada emocional y climática de cada caso concreto (no podía fallar el empleo del primerísimo primer plano en los momentos de mayor exaltación emocional, en un intento de aproximación –closer– entre espectador y protagonista), La caja vendría a ser una especie de catódica montaña rusa de exhibicionismo con voluntad catártica, una intensificada vuelta de tuerca en la aproximación impúdica del ojo televisivo (y por ende, del ojo del espectador) a los territorios más inestables y quebradizos de la privacidad.

Hasta los hippies ven la tele

febrero 3, 2009

La publicidad descubrió hace ya tiempo el poder de la parodia desprejuiciada, la vaselina del humor distanciador como elemento clave para la conexión con el público, como lubricante para desactivar sus resabios displicentes. Con cachondeo y risas, la intencionalidad y el mensaje del spot llegan mejor al espectador, permanecen más duraderamente en su castigada y saturada retina.
El nuevo spot de la plataforma por satélite Digital + (en horas bajas por la guerra del fútbol y los problemas empresariales de PRISA) busca la asimilación de contrarios con intención paródica y metafórica al retratar como potenciales abonados del canal y consumidores de tele a un grupo de caricaturizados hippies. Segura de su capacidad de penetración y seducción, incluso en los paisajes más aparentemente refractarios a sus embelecos, la publicidad se ríe de quien a ella pudiera oponerse e intenta homogeneizar bajo el poder de su discurso a los que fueran representantes de una mentalidad contracultural, alternativa y anticonsumista, retratando con grueso trazo paródico sus tics externos y desactivando su (menguada)resistencia. Ya no quedan hippies, pues fueron subsumidos y asimilados por la multiforme sociedad postcapitalista, desactivados sus presupuestos libertarios y antisistema, pero si quedarán -viene a decirnos el spot- no resistirían la pulsión consumista y teleadicta y se abonarían a la plataforma digital.

The death of George W. Bush

enero 30, 2009

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Tras los efluvios paroxísticos y las connotaciones de magno acontecimiento histórico que rodearon a la toma de posesión de Obama como nuevo presidente de los EE.UU, más allá de la la ubicuidad omnipresente de la hipertrofiada cobertura televisiva global, las innovaciones tecnológicas que aprovecharon la fecha para ver la luz (especialmente, el tráfico de videos en directo online o la convergencia entre CNN y Facebook durante la cobertura de la ceremonia) o los detalles rosas y personalistas que especian todo evento de estas características en su reflejo mediático, me gustaría deternerme en un aspecto del tratamiento informativo dado en la televisión española, concretamente en Cuatro, durante esos días de la pasada semana que no he visto convenientemente comentados en ningún medio de comunicación y que me llamó fuertemente la atención.

cuatro_11 En la madrugada anterior al día del Inauguration Day, como guarnición complementaria al menú informativo del evento, de manera aparentemente coherente con el nervio informativo del momento y sin reparar en su significado, la cadena generalista de PRISA ofreció Muerte de un presidente, falso documental de política-ficción que fantasea con la recreación de un (nunca sucedido) magnicidio contra la persona del presidente de los EE.UU., George W. Bush, apoyado en los elementos narrativos y estéticos propios del género documental, salvo porque se basa en un hecho que no ha tenido lugar en la realidad en que pretende referenciarse.
Insertado indeferenciadamente en la parrilla de la cadena. flanquedo por su rigurosa y profesional cobertura informativa del acontecimiento apoyada en su (obvia) sinergia con el despliegue técnico y humano de su hermana CNN+, el documental venía a equipararse en cuanto a  nivel de veridicción y status jerárquico informativo con el seguimiento informativo de los hechos, convirtiéndose además en un apéndice editorializante a modo de metafórico desideratum de la propia cadena y de la empresa que la sustenta (la muerte política de Bush se convierte en muerte violenta y real en el imaginario del espectador), induciendo al confusionismo del espectador poco atento y versado en determinadas tácticas.

muerte-de-un-presidente_21 Un paso peligroso y escasamente detectado que contaminó el notable nivel de la cobertura mediática patria, mezclando realidad real con otra (falsamente) documentalizada, sentando un dudoso precedente que tuvo una cierta continuación, sin llegar a esos límites, en el comportamiento del Ente público RTVE al emitir (y estrenar en España, puesto que el film aún no ha sido proyectado en salas cinematográficas) W.,el film que ha dirigido Oliver Stone retratando, no muy favorablemente, al presidente saliente, G.W. Bush, y a sus más estrechos colaboradores, así como en la dedicación del espacio documental y cultural, La noche temática, al magnicidio de Dallas en que halló la muerte el presidente Kennedy, jugando de nuevo con el fantasma del asesinato político y el complot desestabilizador, máxime cuando ha sido frecuente el empleo de paralelismos entre las figuras de aquel presidente y el recién electo Obama.
En fin, que sólo faltó la emisión de un maratón intensivo de la serie 24 con las andanzaS del (éste sí) primer presidente negro del planeta, David Palmer.

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La multipantalla desbordada

enero 28, 2009

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La bidimensionalidad de la pantalla catódica ya no resulta suficiente en esta época postelevisiva, se desborda y crece en relieve ante los ojos del espectador, saturándose de signos yustapuestos o solapados acumulativamente para ofrecer al receptor la mayor cantidad de información posible y conjurar el fantasma neobarroco del horror vacui, reproduciendo la omnipresente y polifragmentada pantalla online del PC, propia de esta era multitask: además de la consabida mosca que otorga anclaje identificatorio a la cadena-marca y la hora que certifica la simultaneidad de la acción con el espectador, entronizando el directo como tiempo televisivo por antonomasia (live), la pantalla se rellena e historia con pop-up publicitarios, reclamos anticipatorios de otros productos de la parrilla de la cadena (el estreno de una serie de ficción nacional, en este caso) o rótulos insertos que proliferan exponencialmente y se renuevan intermitente, reclamando la sin tregua la atención multiforme del espectador, remitiéndole a la web de la cadena (y a la socialización participativa o parrilla customizada a la carta a la que en ella puede acceder) o informándole de los números de teléfono o apócopes para SMS, necesaria herramienta para dar cauce a su participación interactiva con lo aconteciente  en pantalla.
Paradójica y paralelamente, el sustrato principal de la imagen, es decir, el combate dialéctico referido a un tema de actualidad, sección del recauchutado Está pasando para las sobremesas de Tele 5, ve reducida, fracturada, sepultada y jibarizada su presencia icónica, desplazada su centralidad y menoscabada su visibilidad, obligado a batirse (casi) en retirada frente al  soberbio imperialismo de la sobreinformación gráfica a que se ve sometida la pantalla.

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El parlamento duplicado

enero 28, 2009

Sigue imparable la consolidación de ese parlamento duplicado, de ese hemiciclo catódico que es Tengo una pregunta para usted, cuya última emisión y segunda comparecencia en él del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero ha sido un gran éxito de audiencia y repercusión socio-político-mediática.

pregunta-para-usted Su formato de multientrevista y fiscalización popular en directo del líder político va arraigando en la cultura audiovisual patria, convirtiéndose en un nuevo y profundo paso (tras su condicionada y eclipsada participación en los debates electorales pasados) en la postergación y (virtual) eliminación de la labor mediadora del periodista profesional, convertido en poco más que un gris anfitrión, muy en línea con el auge del llamado periodismo ciudadano y de la emergencia del hombre común como protagonista mediático, epicentro del flujo comunicacional.

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El programa sigue encontrando, además, sus mejores bazas en la acertada labor telegénica y sociométrica de sus procesos de casting, individualizando y dotando de connotación diferenciada a esos nuevos héroes anónimos que protagonizan el programa metemorfoseándose, siquiera por un día, en agresivos líderes de la oposición o en avezados entrevistadores, convetidos en protagonistas mediáticos gracias a la obtención de una efervescente aunque efímera celebridad, gracias a la sinérgica extensión de su impacto y emergencia catódica que proporciona la derivación y prolongación de lo ocurrido en el plató a otros programas, informativos o no, de la casa. Si en la anterior comparecencia de Zapatero destacó aquel ciudadano que le demandó el precio de un café en la calle, poniendo en evidencia la disintonía con el latido de la calle que conlleva todo síndrome de La Moncloa, en esta última emisión destacaron, entre otros, la prestancia carismática y la intrepidez de Izaskun, una resuelta joven con Síndrome de Down que le reclamó un empleo en representación del colectivo de discapacitados o la pregunta de un joven traductor inquiriéndole acerca de la flagrante contradicción que existe entre la pública postura propalestina de su acción política y la venta de armas al gobierno israelí. Ante preguntas de este tenor, cada vez menos frecuente en el acotado e hipercodificado terreno de la información política profesionalizada, el espectador pudo disfrutar de los apuros y agobios de todo un presidente del Gobierno ante la (quintaesenciada) opinión pública que representaban esos héroes anónimos reclutados para el programa, sin mediación ni muleta escenográfica alguna, excepción hecha de los requisitos propios del formato, pudiendo indentificarse tanto con sus cuitas como con el resuelto comportamiento de sus representantes.

ESPAÑA-ZAPATERO-ENTREVISTA

Así pues, un triunfo de la desintermediación informativa en directo, una alquímica escenificación de la fiscalización democrática del actor político, un importante avance de esta duplicación y solapamiento institucional en el imaginario colectivo popular que supone esta Cámara de los Comunes catódica.

Un video-resumen de los mejores momentos del programa

Danzad, danzad, malditos

diciembre 14, 2008

En época de crisis económica, sequedad crediticia e inestabilidad laboral, nuestra sociedad hipermedia vuelve a echar mano de un remedio clásico, nuevamente de vuelta: el baile.
Como en los tiempos de la Depresión, donde los musicales hollywoodienses más barroquizantes (Busby Berkeley) arrasaban en taquilla de la manos de las screwball comedys o se producían maratones de baile como el que disputaba Jane Fonda en Danzad, danzad malditos de Sidney Pollack (adaptación de la novela ¿Acaso no rematan a los caballos?, de Horace McCoy), en momentos de apreturas y agobios dinerarios aparece como horizonte la evasión hedonista en la pista de baile.

A la enésima temporada del (incomprensiblemente) exitoso celebrity show hibridado con geriátrico concurso de bailes de salón (y su correspondiente parte adiestrativa de la mano del inefable coach Poti), Mira quién baila, hay que añadir el retorno del bombazo de la primeriza Cuatro, Fama ¡A bailar!, en su segunda temporada mezclando elementos de serie centrada en una academia de baile (la canónica Fama ochentera, la posterior mutación patria de UPA, etc…), gala y reality con nominaciones, coaching adiestrativo, ensayos bigger than life e inflexible jurado.

El último producto similar en aparecer ha sido el talent show producido por Gestmusic (como avanzadilla viral del estreno de un musical la próxima temporada, los listos), Buscando a Tony Manero, donde una pléyade de jovenzuelos con afición al dancing intentarán convertirse en la reencarnación de aquel working class hero de origen italiano que encarnara Travolta. No acabo de ver, más allá de elementos retro-cinefílicos, la virtualidad de esta nueva propuesta, dados los cambios operados en la chavalería de hoy, en comparación con aquella setentera que se reunía para bailar a ritmo de los Bee-Gees.

Más cercana y operativa me parece la apuesta de productos como Fama, plataformas para el merchandising fandémico (discos, giras, revistas, web, etc…) y la filiación mimética juvenil, auténticos repertorios de urban stylelife para el (alargado hasta el extremo) segmento adolescente.
El baile exorcizante y el hedonismo disco vuelven a proponerse como vía de escape juvenil; la televisión sigue rastreando y explorando entre el público espectador deseoso de convertirse en estrella, de saltar de un lado al otro del espejo catódico, necesitada de rostros y personajes para alimentar la bulimia mediática.

El Borja y el Josebas

octubre 29, 2008

Era cuestión de tiempo que la estrategia de La Sexta de procurarse una audiencia juvenil y desinhibida no diera con sus pasos en Internet, precisamente el lugar donde, según todos los estudios, se ha mudado el segmento de público (juvenil, urbano, etc…) a quien busca dirigirse como caladero para aumentar su share.
Así pues, la última apuesta de la cadena de Mediapro para el baqueteado prime time de los domingos (tras el fracaso y retirada del reality correcional, también centrado en el segmento juvenil, De patitas en la calle -quizás no les gusta que les pondan un espejo delante donde se refleja su insustancia), esa noche depre post-finde para la eterna juventud que hoy marca tendencia, es el espacio de humor, Qué vida más triste, adaptación catódica de un popular video-blog internetero.
Creado por Rubén Ontiveros y Natxo del Agua, este espacio de sketches humorísiticos, compactado a la fragmentaria manera de Camera Cafe o La tira, retrata las peripecias de un peterpanesco treintañero, Borja, afincado en casa de sus padres (pese a sus planes de boda con su novia de siempre) en Basauri (el parentesco con cierto humor televisivo vasco de gran éxito surgido alrededor de Vaya semanita! es evidente), acompañado por su colega Josebas en sus sempiternas partidas en la Play o en sus logomáquicas conversaciones, preñadas de referencias generacionales pop, de fácil identificación para el seguidor (El Equipo A, la saga de Star Wars, Michael Jackson…).
Ese es uno de los elementos identificatorios de las cutres andanzas de esta pareja, la continua apoyatura en elementos subculturales generacionales (las camisetas, los videojuegos, las películas de un Bruce Willis que se le aparece como dibujo animado al protagonista en su cuarto con el uniforme de astronauta de Armaggedon, recordando las apariciones de Bogart en Sueños de un seductor de Woody Allen,…), así como un humor verborreico arrolladoramente divertido, que mueve a la carcajada (bien escaso en la televisión generalista actual), lo cual lleva al producto a sobreponerse a cierta penuria de medios y escenarios (el casi único de la sala de estar de la casa del protagonista y su familia), muy en la onda low cost que le ha caracterizado desde su eclosión en la web.
Espero que la propuesta encuentre su hueco (nicho parece que adelanta su consunción) en la parrilla dominguera y una pequeña pero suficientemente nutrida parroquia fandémica. Su inteligencia, frescura y desprejuiciamiento lo merecerían.

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‘Callejeros’, en forma y creando escuela

octubre 10, 2008

Comenzó como un programa de pocas pretensiones, de relleno en la parrilla de la recién estrenada Cuatro y, tras un par de temporadas, se ha convertido en uno de los referentes de la televisión patria, en un modelo copiado hasta la extenuación, en una franquicia modelo cuya influencia puede rastrearse incluso en las cadenas públicas.
Me refiero al programa documental Callejeros, que ha regresado recientemente, con nuevas entregas (memorable la dedicada a la madrileña Puerta del Sol y sus aledaños), a la noche de los viernes de la cadena de PRISA, tras cambiar de empresa productora, debido a los conflictos ocurridos con Mediapro, anteriormente encargada de su producción, quien dejo de surtir de entregas del programa a Sogecable, denunciando impagos, en una lateral escaramuza de la guerra mediática entre ambas.
Pese a su tendencia notable al sensacionalismo de denuncia y ciertas dosis de espectacularización y estetización de la miseria, con una querencia irrefrenable e inveterada por retratar toda clase de ghettos, poblados marginales o cascos históricos degradados, la propuesta de Callejeros es irresistible. Con una somera preparación y un reportero/a cámara en mano (el presupuesto necesario es bajo y la efectividad y rentabilidad del programa queda asegurada), la propuesta del programa es sencilla: bajar la cámara a la calle, a los heterogéneos y variopintos tipos que pueden encontrarse hoy día en nuestras ciudades, a la hibridación de etnias y procedencias culturales que bulle en ellas. Cuenta para ello con un competente y bregado equipo de documentalistas jóvenes pero de contrastada valía, entre los que destacan los Jalis de la Serna, Alejandra Andrade, Beatriz Díaz o Nacho Medina, entre otros.


Cuando el periodismo verité parecía trasnochado y el documentalismo era considerado veneno para el share, según los analistas y especialistas catódicos, este modesto programa ha creado, incluso, escuela y su estela puede rastrearse en programas de otras cadenas como Repor o Comando Actualidad (TVE), Diario de… (Tele 5), GPS, Punto Doc o Testigo Directo (Antena 3), además de lograr varios premios y reconocimientos de la profesión.
En ocasiones, escasas pero concluyentes, pequeñas y modestas innovaciones, apoyadas y mantenidas en el tiempo, logran un cambio de rumbo en las modas televisivas. Callejeros está marcando época, pues.

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