Archive for the ‘Informativos’ Category

The death of George W. Bush

enero 30, 2009

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Tras los efluvios paroxísticos y las connotaciones de magno acontecimiento histórico que rodearon a la toma de posesión de Obama como nuevo presidente de los EE.UU, más allá de la la ubicuidad omnipresente de la hipertrofiada cobertura televisiva global, las innovaciones tecnológicas que aprovecharon la fecha para ver la luz (especialmente, el tráfico de videos en directo online o la convergencia entre CNN y Facebook durante la cobertura de la ceremonia) o los detalles rosas y personalistas que especian todo evento de estas características en su reflejo mediático, me gustaría deternerme en un aspecto del tratamiento informativo dado en la televisión española, concretamente en Cuatro, durante esos días de la pasada semana que no he visto convenientemente comentados en ningún medio de comunicación y que me llamó fuertemente la atención.

cuatro_11 En la madrugada anterior al día del Inauguration Day, como guarnición complementaria al menú informativo del evento, de manera aparentemente coherente con el nervio informativo del momento y sin reparar en su significado, la cadena generalista de PRISA ofreció Muerte de un presidente, falso documental de política-ficción que fantasea con la recreación de un (nunca sucedido) magnicidio contra la persona del presidente de los EE.UU., George W. Bush, apoyado en los elementos narrativos y estéticos propios del género documental, salvo porque se basa en un hecho que no ha tenido lugar en la realidad en que pretende referenciarse.
Insertado indeferenciadamente en la parrilla de la cadena. flanquedo por su rigurosa y profesional cobertura informativa del acontecimiento apoyada en su (obvia) sinergia con el despliegue técnico y humano de su hermana CNN+, el documental venía a equipararse en cuanto a  nivel de veridicción y status jerárquico informativo con el seguimiento informativo de los hechos, convirtiéndose además en un apéndice editorializante a modo de metafórico desideratum de la propia cadena y de la empresa que la sustenta (la muerte política de Bush se convierte en muerte violenta y real en el imaginario del espectador), induciendo al confusionismo del espectador poco atento y versado en determinadas tácticas.

muerte-de-un-presidente_21 Un paso peligroso y escasamente detectado que contaminó el notable nivel de la cobertura mediática patria, mezclando realidad real con otra (falsamente) documentalizada, sentando un dudoso precedente que tuvo una cierta continuación, sin llegar a esos límites, en el comportamiento del Ente público RTVE al emitir (y estrenar en España, puesto que el film aún no ha sido proyectado en salas cinematográficas) W.,el film que ha dirigido Oliver Stone retratando, no muy favorablemente, al presidente saliente, G.W. Bush, y a sus más estrechos colaboradores, así como en la dedicación del espacio documental y cultural, La noche temática, al magnicidio de Dallas en que halló la muerte el presidente Kennedy, jugando de nuevo con el fantasma del asesinato político y el complot desestabilizador, máxime cuando ha sido frecuente el empleo de paralelismos entre las figuras de aquel presidente y el recién electo Obama.
En fin, que sólo faltó la emisión de un maratón intensivo de la serie 24 con las andanzaS del (éste sí) primer presidente negro del planeta, David Palmer.

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El parlamento duplicado

enero 28, 2009

Sigue imparable la consolidación de ese parlamento duplicado, de ese hemiciclo catódico que es Tengo una pregunta para usted, cuya última emisión y segunda comparecencia en él del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero ha sido un gran éxito de audiencia y repercusión socio-político-mediática.

pregunta-para-usted Su formato de multientrevista y fiscalización popular en directo del líder político va arraigando en la cultura audiovisual patria, convirtiéndose en un nuevo y profundo paso (tras su condicionada y eclipsada participación en los debates electorales pasados) en la postergación y (virtual) eliminación de la labor mediadora del periodista profesional, convertido en poco más que un gris anfitrión, muy en línea con el auge del llamado periodismo ciudadano y de la emergencia del hombre común como protagonista mediático, epicentro del flujo comunicacional.

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El programa sigue encontrando, además, sus mejores bazas en la acertada labor telegénica y sociométrica de sus procesos de casting, individualizando y dotando de connotación diferenciada a esos nuevos héroes anónimos que protagonizan el programa metemorfoseándose, siquiera por un día, en agresivos líderes de la oposición o en avezados entrevistadores, convetidos en protagonistas mediáticos gracias a la obtención de una efervescente aunque efímera celebridad, gracias a la sinérgica extensión de su impacto y emergencia catódica que proporciona la derivación y prolongación de lo ocurrido en el plató a otros programas, informativos o no, de la casa. Si en la anterior comparecencia de Zapatero destacó aquel ciudadano que le demandó el precio de un café en la calle, poniendo en evidencia la disintonía con el latido de la calle que conlleva todo síndrome de La Moncloa, en esta última emisión destacaron, entre otros, la prestancia carismática y la intrepidez de Izaskun, una resuelta joven con Síndrome de Down que le reclamó un empleo en representación del colectivo de discapacitados o la pregunta de un joven traductor inquiriéndole acerca de la flagrante contradicción que existe entre la pública postura propalestina de su acción política y la venta de armas al gobierno israelí. Ante preguntas de este tenor, cada vez menos frecuente en el acotado e hipercodificado terreno de la información política profesionalizada, el espectador pudo disfrutar de los apuros y agobios de todo un presidente del Gobierno ante la (quintaesenciada) opinión pública que representaban esos héroes anónimos reclutados para el programa, sin mediación ni muleta escenográfica alguna, excepción hecha de los requisitos propios del formato, pudiendo indentificarse tanto con sus cuitas como con el resuelto comportamiento de sus representantes.

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Así pues, un triunfo de la desintermediación informativa en directo, una alquímica escenificación de la fiscalización democrática del actor político, un importante avance de esta duplicación y solapamiento institucional en el imaginario colectivo popular que supone esta Cámara de los Comunes catódica.

Un video-resumen de los mejores momentos del programa

El cumpleaños de ‘Espejo Público’

diciembre 16, 2008

Tras el batacazo de la publicitada, aventura del fichaje estrella de la cadena, Mª Teresa Campos y el agotamiento de la oferta de la también cooptada de Tele 5, Montserrat Domínguez, Antena 3 echó mano de una solución de urgencia: la traslación de la marca del programa informativo clónico de Informe Semanal (o eso pretendía, al menos), Espejo público, cuya languideciente carrera trascurría en el access-prime time de los tristones domingos por la tarde, presentado por Sonsoles Suárez.

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Así pues, trasladando nombre y contenidos a las mañanas y reclutando a su presentadora de entre lo mejor de la nómina de sus informativos, Antena 3 hizo despegar con prisas Espejo Público, su propuesta matutina para luchar con las consolidadas ofertas de A.R. o Pepa Bueno y sus Desayunos en TVE.
Tras unos comienzos dudosos e irregulares, el programa ha llegado a su segundo cumpleaños consolidado y manteniendo un (casi) digno mano a mano con la competencia.
Pese a presumir en sus inicios de esquivar la temática rosa, el programa confecciona su variopinto menú con la consabida tertulia centrada en ese mundo del colorín (donde reina la incombustible Massiel), aunque con menor deriva tomatero-amarilla, complementando una amena oferta, gemela de la filosofía arrevistada de sus informativos: tertulia de actualidad, temas de sociedad (ahora Cuca Sales se encarga de la sección que antes llevaba María de Meer, a quien se echa de menos), sucesos (territorio donde se enseñorea Albert Castrillón), reporteros en vivo, humor (de la mano de Arangüena), etc…, siempre al albur de la tiranía de la actualidad.
Pero si algo dota al programa de un valor añadido de clase y distinción es la discreta, glamourosa y elegante presencia de Susanna Griso, consolidada en su puesto gracias al rodaje, desplegando su telegenia y carisma, dignificando unos contenidos no siempre nobles.

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Cumpliendo con el expediente

diciembre 8, 2008

La televisión pública, dado su carácter institucional, se ve obligada a tomar la iniciativa y celebrar toda aquella efeméride política o social relevante, dedicando esfuerzos a la cobertura informativa de las celebraciones y completando la oferta con algún programa especial.
Eso mismo ha sucedido con las recientes celebraciones del 30 aniversario de la Constitución Española. Sin embargo, comparado con otro tipo de fastos y remembranzas, el resultado ha resultado algo gris y deslucido.

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El pasado sábado, la Primera emitio un programa especial, grandilocuentemente titulado El espíritu de la democracia, ideado y realizado por el equipo de Informe Semanal. Iniciado con una intervención de los Alcántara (igual valen para un roto que para un descosido) a modo de (falsa) escena de Cuéntame cómo pasó, en un recurso que empieza a resultar cansino (sinergias de cadena y share obliga, supongo), la mayor parte del programa estuvo centrado en las entrevistas a alguno de los redactores ponentes de la Constitución (lo de padres me parece excesivo). Los Fraga, Carrillo, Herrero, Roca, Peces Barba o Guerra desgranaron anécdotas con tono autosatisfecho y algo engolado, aunque ya parecen empezar a mostrar algo de cansancio y melancolía (cosas de la edad y la repetición a golpe de calendario de las hazañas de la transición, amén del tono elegiaco obligado en el caso del recuerdo de compañeros fallecidos como Abril Martorell o Cisneros o lamentablemente aquejados del mal de Alzheimer, como Suárez o Solé Tura, representado en el programa por su hijo).
El plato, enjundioso pero con aroma a precocinado y muchas veces saboreado, fue completado con segmentos misceláneos, a modo de recordatorio de la vida social y cotidiana de los españoles en aquel ya lejano año 78, en un nuevo ejemplo de que el repertorio de archivo del Ente público siempre es un surtido almacén del que extraer preciosas gemas para la nostalgia, y cerrado con el simpático colofón de un retrato dibujado por el gran Forges (doña ‘Consti’, según el maestro), a las puertas de los leones del Congreso.

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En esta misma semana, ya habíamos visto a los mismos protagonistas políticos en un debate con motivo de la efeméride, en el plató de 59 segundos, donde abandonaron algo más el envaramiento institucional y se enzarzaron en jugosas trifulcas a propósito de la memoria histórica, con Carrillo y Fraga en papel destacado de primeros espadas.
Igualmente, en la mañana del sábado la Primera realizó una sobria y disciplinada cobertura de los actor conmemorativos de la celebración oficial del aniversario, desde la entrada de las Cortes, con presencia de los reyes y las más altas magistraturas del Estado, conducido por una sobria y competente Pepa Bueno (convertida desde hace un tiempo en referente informativo de la cadena pública, en chica para todo).
Pese al despliegue y la pertinencia y solvencia del tratamiento, queda en el ambiente un cierto aire de expediente cumplido sin excesiva imaginación, de funcionarial trabajo escasamente apasionado y punzante. Quizás haya sido lo mejor no añadir más leña al fuego que pudiera ser aprovechada por unos y otros, pero las capacidades de TVE se me antojan susceptibles de mayores logros, especialmente en el terreno de la memoria colectiva.

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Marta Fernández, paz en la guerra

noviembre 22, 2008

La tendencia a la hiperespectaculación y la mutación hacia el magazine de los informativos televisivos (especialmente, en nuestras cadenas privadas generalistas: excepción hecha del algo anticuado didactismo izquierdista de Cuatro -con Gabilondo en primer plano- y del Ente público, que mantiene unos mínimos institucionalistas) es una tendencia irrefrenable en la televisión del momento, especialmente en el terreno de la información de ocio y cultura, devenida poco menos que en un arbitrario contenedor publicitario.
En este panorama poco alentador es difícil destacar en el terreno del sensacionalismo y la superficialidad amarillista, pero la nueva mutación de los informativos de Tele 5 (tras pasadas encarnaciones, como la etapa agit-prop anti-pepera de Valentín), capitaneados desde su llegada (tras una etapa de similares características en Antena 3) por Pedro Piqueras sobrepasa todas las líneas rojas de la corrección mainstream, arriscándose sin cortapisa alguna en el más descarado y burdo lodazal del más descarado y gritón sensacionalismo, en un descarado festival de sangre, sudor y lágrimas, a mayor gloria del share (que, por cierto, respalda la opción con buenos números, lo que inculpa al espectador).

Tal como puede inferirse de la última campaña promocional de los mismos (sobre un fondo de catástrofes, explosiones y desgracias -como si se tratara de un film de acción y efectos especiales hollywoodiense, a los Joel Silver o Jerry Bruckheimer), sus presentadores-estrella nos informan de su voluntad de estar en el centro de la noticia (en antañona expresión), lo que en su caso, pareciera similar a introducirse en el epicentro de un tsunami o en el foco de un incendio terrible. Junto a los clásicos front men de la cadena (Hilario Pino o Ribagorda) y la veterana y deliciosa Carme Chaparro (que lleva toda su carrera catódica en la casa, pese al rol secundario al que parece estar relegada), que se mantienen en su puesto más allá de los evidentes volantazos de los rectores de la cadena), destaca la presencia balsámica de la fue última adquisición de la cadena, Marta Fernández, que inunda la pantalla con su magnetismo terso, con su sobria calidez, tras una larga etapa en las televisiones de PRISA (en Canal Plus primero; luego en Cuatro, donde saltó del hieratismo repetitivo de los informativos a la informalidad de reportera de magazine matinal, en Las mañanas de Concha Gª Campoy, sin demasiado éxito).

Convertida en una de las más subyugantes y magnéticas presencias del medio (aquel inconfundible peinado a los Cleopatra, aquel maquillaje…), no acaba de encajar su hipnótico atractivo, su impenetrabilidad misteriosa en el contexto de una cadena que ha convertido sus informativos en lo contrario, en un festival pirotécnico, en un grimoso carrusel de miserias humanas.

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El video de la agresión a Jesús Neira

noviembre 18, 2008

Pasada la moratoria prescrita por la crueldad y consecuencias del suceso, era cuestión de tiempo que las imágenes de la agresión al profesor Jesús Neira se hicieran públicas, que la bulimia mediática fuera cebada, satisfaciéndose dosificadamente, en lo que supone un nuevo hito en la extática carrera de los informativos de Tele 5 hacia las más altas cotas de indignidad amarillista, de turbosensacionalismo sin límites (llegó a emitirlas, en todo o en parte, más de 30 veces en el mismo día).
Mutados en personajes mediáticos (por un módico precio) otros protagonistas del penoso suceso (la agredida ofendida Violeta Santander y su padre, convertidos en guest star de sucesivos circos catódicos), era previsible la aparición final de las imágenes, merced, en este caso, a esa videovigilancia indoor que planea full time sobre nuestra cotidianeidad (las cámaras de seguridad de la recepción de un hotel, en este caso), puesta en bandeja para la maquinaria hipermedia, pocas horas después de que supiéramos que el agredido había sufrido una nueva complicación que le devolvía a la UCI, pese a la aparente mejoría que venía mostrando recientemente.
Una imágenes que nuestra anestesiada y saturada retina emparenta con la virtualidad de un videojuego de combates y luchas, con las coreográficas y desdramatizadas acciones del peor cine de acción, pero que habrá ahondado en el sufrimiento de los que quieren y conocen al brutalmente pateado en la misma.

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Yolanda Benítez, fidelidad y polivalencia

noviembre 6, 2008

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En un mundo tal volátil e hiperacelado como el de la actual televisión, no es frecuente encontrar fidelidades corporativas y rostros identificatorios, elementos que amueblen inmediatamente la cansada mirada del espectador llevándole rápidamente a identificar determinado canal o programa.
Ni siquiera los logos (que cambian o varían arbitrariamente, y en ocasiones, a más velocidad de la que parece) o los programas-franquicia (tenemos fresco el caso de Lobato y su cobertura de la F1, trasladada tal cual, con todos los bártulos, de una cadena a otra, de Tele 5 a La Sexta, nueva propietaria de los derechos de emisión de los eventos automovilísticos) consiguen simbolizar la fidelidad, la solidez, ante las permanentes mutacionas del universo catódico.
Quedándonos en la antes llamada cadena amiga, Tele 5, sorprende observar la permanencia del ya maduro pero dulce y atractivo rostro de la presentadora Yolanda Benítez, polivalente comodin de los servicios informativos donde ha realizado disímiles y variopintas tareas, desde la presentación a horario intempestivos (mañanas, madrugadas, etc…) a la sustitución de sus conductores titulares (condujo el informativo de prime time durante las vacaciones estivales de el sheriff Piqueras), pasando por aquellos juveniles inicios en los lejanos años 90 en los que lo mismo se la veía de aguerrida reportera como realizando cortinillas de continuidad o la presente y solvente sustitución de la Campos al frente de la tertulia política La mirada crítica en la que recién había desembarcado.
Superando incluso la marcha de su compañero sentimental Jon Sistiaga (disculpen el apunte tomatero) o los vaivenes ideológico-corporativos de los servicios informativos de la cadena (desde aquellos TD trufados de opinión que realizaba Luis Mariñas hasta la actual cima sensacionalista comandada por ‘Chuky’ Piqueras, pasando por el agitprop antipepero, a lomos del Prestige y el ‘No a la Guerra’ de la etapa valentiniana -hoy en la Casa común de el Ente-), la Benítez se ha convertido en uno de los rostros identificadores de la cadena, en uno de sus mayores activos, pese al papel subalterno al que habitualmente se le ha relegado.
Para demostrarnos  que en la tele importa tanto (o más, incluso) la fidelización emocional y el aura carismática de los rostros (y de los bustos parlantes, en este caso) que la permanente innovación y el alocado aggiornamiento, Yolanda Benítez aparece casi a diario en pantalla, con su gesto entre cálido y adusto y su plácida aunque desafiante belleza madura, convirtiéndose en una magnética razón para no cambiar de canal.

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Desde Washington, ¿para qué?

noviembre 4, 2008

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La pugna electoral estadounidense entre Obama y McCain, adjetivada con toda clase de hiperbólicos epítetos y grandilocuentes retruécanos, está ocupando, como no podía ser menos, el foco central del flujo catódico, tanto en los informativos propiamente dichos, como en toda clase de magazines y programas de entretenimiento.
Las cadenas españolas, en línea con la americanomanía patria (ya sea en forma de filia o de fobia, que de todo hay), han destacado a parte de sus bustos parlantes estrella a diversas capitales estadounidenses para simbolizar la priorización dada a la cobertura del evento electoral.
No deja de resultar algo extemporánea esta pervivencia atávica de la presencia física del presentador (y del plató que lleva anexo) en el lugar de la noticia. En una época de frondosidad y práctica simultaneidad global del flujo mediático, de permanente conexión a las fuentes digitales y de continium informativo, resulta ciertamente anacrónica e innecesaria esa presencia física en el lugar de la noticia, al menos en el caso de los rostros encargados del relato informativo, tal vez no en el caso de reporteros o periodistas a pie de calle, capaces de darle un sesgo personal o de aportar un cierto valor añadido a la estandarizada y globalizada noticia.

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Sin embargo, estos días vemos a los rostros populares de los servicios informativos de las diferentes cadenas generalistas nacionales y autonómicas (Pino en Tele 5; Ana Blanco y Lorenzo Milá en TVE1; Resano y Mamen Mendizábal en La Sexta; Roberto Arce en Antena 3; etc…), destacados en Washington, Nueva York o Miami, a modo de corresponsales corporativos, convertidos en simbolización corporeizada de la seriedad y profesionalidad otorgada por las cadenas al evento objeto de cobertura. Al final, el rostro y la persona mantiene su fantasmagóricoy algo vetusto predominio, frente a la volatilidad de los flujos, la multipantalla y la ubicuidad on-line.

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Vallés regresa de la mano de Valentín

octubre 21, 2008

Supuestamente damnificado por el reaterrizaje en Tele 5 de la Campos, pese a que acaba de reconocer que no fue despedido sino que dimitió por desavenencias con la nueva línea que quería imprimir la empresa (¿se referirá al tono arrevistado y desprejuiciadamente amarillo y sensacionalista que le está imprimiento Piqueras?), el ex-conductor de La mirada crítica, Vicente Vallés ha sido recuperado por Juan Pedro Valentín, su jefe de informativos en la cadena amiga en aquellos tiempos de agitación opositora antipepera (el Prestige, el No a la Guerra,…), en su nuevo cometido como director del renovado Canal 24 Horas de TVE, que ha presentado su nueva parrilla esta semana, tras algunos retrasos.
Además de alguna ocasional labor informativa especial (los debates electorales USA), Vallés conduce el informativo de prime time del mencionado canal.
Con una imagen renovada que recuerda cierta asimilación y mimetización respecto del canal especular, CNN, asociado en España a Prisa y Sogecable, el canal de información de la televisión pública pretende, a través de la indefinida TDT, tener una presencia mayor en el panorama patrio, cosa complicada ante la frondosa e hipertrofiada proliferación de información política y difícilmente lograble pese a las buenas intenciones y a los cambios introducidos.
El magazine informativo pilotado por el bueno de Vicente transcurre, como no podía ser de otro modo, por los trillados y conocidos caminos de la ortodoxia institucionalista: escaleta de noticias de actualidad, mini-entrevistas con protagonistas de la misma, tertulia de periodistas, etc…, intentando sumarle el valor añadido de algún scoop, gracias a la aureola de prestigio del Ente, ya sea en forma de entrevista en primicia o de reportaje atrevido, pero resultando casi clónico de su anterior pograma en Tele 5 (¿no ha querido, no h a podido, no ha sabido distanciarse, diferenciarse?)
La profesionalidad y probidad de Vallés no se verá desafiada en el nuevo empeño  que se le encomienda y la buena factura y los ingredientes de calidad están asegurados pero no sabemos si será suficiente para que el programa, y la cadena con él, logre abrirse un nicho en el fragmentado público catódico, consiguiendo con ello una presencia social y mediática a la que dice aspirar.

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Gallardón, ante el Senado popular

septiembre 17, 2008

Poco a tardado TVE en volver a poner en marcha uno de los productos que mejor resultado le dieron la temporada pasada, uno de los escasos programas que destacaron por la innovación y solvencia informativa que debería ser moneda común en una cadena pública. Me estoy refiriendo a la multi-entrevista política Tengo una pregunta para usted, protagonizado en esta ocasión por el alcalde de Madrid y destacado miembro del PP, Alberto Ruiz Gallardón, último visitante de un plató por el que ya han pasado Zapatero, Rajoy, Carod Rovira o Luis Aragonés, con notable éxito de audiencia.
Presentado como una democratización de la entrevista política, como un acercamiento de los habitualmente distantes políticos a la gente de la calle; en realidad, se trata de una calculada y cuidada operación, en la que una empresa de mercadotecnia política y demoscopia selecciona, tras un proceloso proceso de casting y preparación previa, a 100 ciudadanos, supuestamente representativos de todo el país, buscando cubrir todo el espectro social, en sus diferentes niveles geográficos, de edad, clase social o dedicación profesional.

Pese a que sus creadores se cansan de insistir en la veracidad y transparencia del producto, no deja de sobrevolar sobre el mismo la sospecha conspiranoica de componenda y preparación. En una buscada escenografía de hemiciclo popular o bulliciosa aula universitaria, las preguntas formuladas por los ciudadanos, sabiamente moduladas, variadas y dosificadas, van formando una completa panóramica, lo que dio lugar a que, durante más de dos horas, Gallardón tuviera ocasión de explayarse a gusto, gustándose y rozando la cursilería, demostrando ser uno de los más preparados animales políticos del panorama nacional, cosa ya conocida.
No se trata de profundizar en aspecto alguno, sino en poner a prueba, en línea con la línea superficialista y banalizadora en boga (a lo 59 segundos, vaya) la capacidad actoral, el domimio de las tablas y de la improvisación del político de turno, lo que da pie al predominio de la finta dialéctica u al imperio de la anécdota (no en vano, lo más recordado de estos programas suele remitirse a episódicos chascarrillos y anécdotas momentáneas: el café de Zapatero, el me llamo de Josep Lluis de Carod, etc…).
En la entrega dedicada al alcalde madrileño, destacaron los highlights en que tuvo que contestar a preguntas sobre Esperanza Aguirre o el libro de su suegro, el ex-ministro falangista de Franco, Utrera Molina, así como cuando le intentaron obligar a decantarse en la pugna electoral norteamericana entre Obama y McCain. Un pequeño tic en la nariz detectaba la incomodidad del personajes, quien, por otro lado, desplegó sus mejores dotes, dominando la escana y dando rienda suelta a su reposada oratoria, con cierta querencia por el cultismo cursi del que suele hacer gala.

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