Danzad, danzad, malditos

En época de crisis económica, sequedad crediticia e inestabilidad laboral, nuestra sociedad hipermedia vuelve a echar mano de un remedio clásico, nuevamente de vuelta: el baile.
Como en los tiempos de la Depresión, donde los musicales hollywoodienses más barroquizantes (Busby Berkeley) arrasaban en taquilla de la manos de las screwball comedys o se producían maratones de baile como el que disputaba Jane Fonda en Danzad, danzad malditos de Sidney Pollack (adaptación de la novela ¿Acaso no rematan a los caballos?, de Horace McCoy), en momentos de apreturas y agobios dinerarios aparece como horizonte la evasión hedonista en la pista de baile.

A la enésima temporada del (incomprensiblemente) exitoso celebrity show hibridado con geriátrico concurso de bailes de salón (y su correspondiente parte adiestrativa de la mano del inefable coach Poti), Mira quién baila, hay que añadir el retorno del bombazo de la primeriza Cuatro, Fama ¡A bailar!, en su segunda temporada mezclando elementos de serie centrada en una academia de baile (la canónica Fama ochentera, la posterior mutación patria de UPA, etc…), gala y reality con nominaciones, coaching adiestrativo, ensayos bigger than life e inflexible jurado.

El último producto similar en aparecer ha sido el talent show producido por Gestmusic (como avanzadilla viral del estreno de un musical la próxima temporada, los listos), Buscando a Tony Manero, donde una pléyade de jovenzuelos con afición al dancing intentarán convertirse en la reencarnación de aquel working class hero de origen italiano que encarnara Travolta. No acabo de ver, más allá de elementos retro-cinefílicos, la virtualidad de esta nueva propuesta, dados los cambios operados en la chavalería de hoy, en comparación con aquella setentera que se reunía para bailar a ritmo de los Bee-Gees.

Más cercana y operativa me parece la apuesta de productos como Fama, plataformas para el merchandising fandémico (discos, giras, revistas, web, etc…) y la filiación mimética juvenil, auténticos repertorios de urban stylelife para el (alargado hasta el extremo) segmento adolescente.
El baile exorcizante y el hedonismo disco vuelven a proponerse como vía de escape juvenil; la televisión sigue rastreando y explorando entre el público espectador deseoso de convertirse en estrella, de saltar de un lado al otro del espejo catódico, necesitada de rostros y personajes para alimentar la bulimia mediática.

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