Emma ‘Clarice’ Suárez

No es que el paralelismo entre la inspectora Ana Leal y la inolvidable Clarice Sterling sea demasiado claro, pero Cazadores de hombres, la apuesta estelar de ficción para el otoño de Antena 3 se sitúa en esos otros mundos (oscuros) que están en éste: psicópatas, prostitución, proxenetismo, pederastia, violencia de género (entre otras), etc.
Aunque no aparece ninguna figura comparable en magnetismo e inteligencia maligna al doctor Lecter (el papel de malo que atraviesa la serie recae en un algo tópico ex-soldado serbio, Yakutov – es la moda: la delincuencia balcánica o rusa-; y los ocasionales, protagonistas de cada episodio, van cambiando, interpretados, en plan colaboración especial, por primera figuras del star system patrio como Jorge Sanz, Federico Luppi o Lucía Jiménez, en lo que es una de las bazas más atractivas de la serie), la serie pretende ser un competente y estiloso policiaco, centrado en una unidad policial de élite encargada de la busca y captura de criminales largamente ocultos, que bebe de conocidas fuentes cinematográficas , así como de una amalgama sincrética de referentes catódicos recientes, tales como Sin rastro, CSI o 24, entre otras tantas que podrían rastrearse.

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Como Jodie Foster en el clásico moderno de Demme, Emma Suárez (competente actriz que mantiene incólume su sex-appeal, más allá de los cuarenta, junto a un rostro horadado y muy expresivo) encarna a una mujer policía por vocación y raíz familiar, aseteada por una herida incurable (su padre, comisario retirado, y su hija fueron asesinados fría y vilmente por Yakutov), que la aboca a  la necesidad obsesiva de venganza e (imposible) reparación, víctima de fantasmas del pasado (aquellos corderos) que no la dejan recuperar la paz y la sonrisa.
Junto a ella, una pareja de compañeros (elemento propio de buddy movie, dos policías de diferente personalidad, contrapunto cómico desengrasante: extrovertido y jeta el joven, resabiado y noblote el veterano -encarnados con convicción por Iñaki Font y Pere Arquillué) y la ayuda de un chorizo marginal de buen corazón, criado por la familia de la inspectora y en deuda con ella (sólido y creíble Alejo Sauras, alejado por fin del amaneramiento verborreico del que abusó en Los Serrano), bajo la atenta mirada del comisario Porto (de nuevo José Manuel Cervino, encasillado en papeles de poli avinagrado).

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Pese a alguna insuficiencia en el terreno de la credibilidad ambiental y procedimental (el talón de Aquiles de la ficción policial en España, pese al supuesto asesoramiento y colaboración de las instituciones del ramo) y las consabidas y previsibles ramificaciones erótico-sentimentaloides (la búsqueda de un target mayoritario obliga, supongo) Cazadores de hombres es una de las más presentables teleseries patrias de reciente aparición, sólida y emotiva en la caracterización de los personajes y situaciones, con un buen trabajo de casting (un elenco conjuntado y atractivo, que se aleja de los caminos más trillados en el medio), pese a lo cual no ha logrado el seguimiento esperado, por lo que cabe agradecer a la cadena que haya sabido aguantarla en el prime time (al menos hasta el último de los 8 episodios en que estaba concedida la primera entrega), sin los habituales vaivenes de horario por la parrilla.
Triste es que el espectador no conecte con la versión local de este tipo de ficciones, a las que sí que sigue y valora cuando llegan con firma anglosajona, relegando a la ficción patria al terreno de la comedieta verborreica, autocomplaciente, retronostálgica o kitch (o todo a la vez).

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