‘700 euros’, prostitución rima con culebrón

Hace unos días terminó la emisión en Antena 3 de la pretendidamente escandalosa y transgresora serie 700 euros, que, tras dormir en el cajón de algún ejecutivo durante meses, retrasando su estreno y cambiando incluso de título (el original era el más explícito Diario de una call girl), fue finalmente emitida durante los meses veraniegos tras una notable promoción, con un moderado éxito de público que le ha permitido mantenerse en el prime time de los martes hasta su último episodio, al margen de los frecuentes vaivenes por la parrilla a que se ven sometidos aquellos productos que no gozan del favor del caprichoso share.
Producida por Diagonal TV (La señora, Amar en tiempos revueltos,…), la serie se presentaba como el último grito del atrevimiento catódico, como un retrato realista de la prostitución de alto standing, en línea con su cada día mayor normalización y visibilidad social, con un marchamo de escándalo y crudeza en el tratamiento de dicha temática que no se ha visto refrendada por el devenir de la serie.

Sin embargo, el acercamiento que propone 700 euros al mundo de la prostitución de lujo está marcado fundamentalmente por los códigos explícitamente folletinescos de todo culebrón que se precie. La protagonista, Luna, se ve abocada a ese mundo tras una serie de justificaciones sentimentales y morales (el engaño y la traición de su prometido, la redención mediante el sacrificio altruista para la curación de su amigo, la necesidad de dinero rápido para esos fines, etc…), y lo mismo sucede con el resto de personajes de la trama, marcadamente esteotipados como positivos o negativos, especialmente en relación a la protagonista.
Como en todo folletín que se precie, asistimos a toda una panoplia de amores imposibles, despechos, traiciones, desengaños, intrincadas relaciones familiares, secretos del pasado que se desvelan, diferencias de clase, etc… No falta ingrediente alguno en el menú, además de una roma ambientación (escasos exteriores, un puñado de repetidos interiores pretendidamente lujosos que no llegan a ser convincentes…).
El mundo de las escorts, del sexo de pago aparece reflejado sin mordiente, sin morbo alguno, visto siempre desde el punto de vista de las chicas que a ello se dedica, pero siempre arropado por un sinfín de cortapisas, contextualizaciones y justificaciones, de indulgente moralina.
La peripecia rocambolesca de la protagonista acabará con el consabido final feliz, con la superación de todas las pruebas a que tiene que enfrentarse, abriéndose ante ella un inmaculado horizonte de felicidad.
Queda el esforzado trabajo de algunos solventes actores (Mercé Llorens, Aroa Gimeno, Pedro M. Martínez, Cristóbal Suárez, Luisa Gavasa,..), marca de la casa que la produce, pese a las insufiencias de un irregular reparto en el que fallan algunos de sus integrantes (Toni Cantó, la mexicana Adriana Lavat, Ana Turpin, etc…), así como algún personaje algo más pulido y matizado (el barman, la madre de Luna, etc…) y una solvencia técnica y agilidad narrativa acreditada en este tipo de productos, que facilita el enganche del público, lo que no consigue hacer olvidar la endebles y falta de nobleza de los materiales de los que parte.

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