Buenafuente se mira el ombligo

Cuando parecía que tras su regreso un par de semanas atrás, la nueva temporada del late night de La Sexta, Buenafuente, transitaba plácidamente, con un perfil bajo y acomodado y una audiencia fiel, en línea con el amiguetismo y el recurso a la comedia propios de la empresa, en la semana que termina hemos asistido a la celebración autocomplaciente y ombliguista de los 500 programas (incluyendo la etapa en Antena 3, con la misma productora).
Tras haber dejado por el camino a colaboradores emblemáticos (¿qué ha sido del Neng?) y haber propiciado programas spin-off (el Salvados por… de El Follonero), Buenafuente ha demostrado su buen ojo para el show-business, encontrando y confiando buena parte del peso del programa, pese a su inicial bisoñez catódica, a Berto, su nuevo escudero, convertido en primer espada durante la sustitución veraniega que se encargó de llevar a buen puerto.
Recortada su duración y comprimidos sus elementos, el programa ha buscado su punto fuerte en la personalidad cómica del propio Andreu, especialmente en sus monólogos de apertura, además de en los comentarios de noticias de actualidad y en las entrevistas (su faceta menos lucida, donde pesa el exceso de protagonismo egotista del entrevistador, utilizando excesivamente como percha para el gag y la comicidad al entrevistado).
Sorpresivamente, esta semana el programa se ha abandonado, como comentábamos, a un complaciente autobombo, en la celebración de sus 500 emisiones. Acompañado por su inseparable Berto, Andreu celebró la efemérides con la percha de guión de una partida de oca en el plató, lo que iba dando paso a un monólogo improvisado por su parte (la joya de la corona de su personaje catódico), llamadas telefónicas de felicitación de personalidades (Carmen Cervera, Jordi Pujol, Julio Iglesias, Alejandro Sanz, etc…) y, como colofón, la comparecencia del presidente de la cadena, Emilio Aragón, todo con el consabido buenrollismo y ombliguismo que tanto gusta en estos casos, en que la tele se autoglorifica, convirtiéndose en fin en sí misma.

Por si no teníamos bastante con esto, para rematar la semana (el miércoles no hubo emisión a causa del fútbol liguero), compareció en el plató la presentadora Carolina Ferre, conductora del docu-reality de la cadena De patitas en la calle, y, curiosamente, ex-pareja sentimental de Buenafuente, lo que dio lugar en la entrevista, a complicidades, bromas y sobrentendidos que, aunque se pretendían frescos y naturales, parecieron forzados y preparados, con un fondo de tirantez e incomodidad mutua, comprensible por otro lado, dada la situación.
Mal camino es éste de la autocomplacencia endogámica y autoreferencial para un show que se pretende incisivo y chispeante, corrosivo e irónico. Mejor hará Andreu en afilar sus garras y poner toda la carne en el asador para ofrecer un acercamiento sardónico a la actualidad socio-política, la cual, por cierto, ofrece muchos motivos para la dentellada crítica y humorística.

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Una respuesta to “Buenafuente se mira el ombligo”

  1. Santiago J. Says:

    Carolina es la peor presentadora de la televisión, no tiene gracia, no tiene cuerpo y hay muchas otras chicas esperando su pusto, algunas son muchisimo mejores que ella, que pena que Andreu, con lo bien que me cae, haya pasago por el aro de tener que entrevistarla.

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