Pisando la alfombra roja

Cuando las salas de cine lujosas y palaciegas languidecen y desaparecen en todas las ciudades y los estrenos cinematográficos, salvo contadas excepciones mayormente hollywoodienses, se estrenan de tapadillo o con someras presentaciones a la prensa, lejos del boato y la lentejuela propia de los multitudinarios estrenos de antaño (en la Gran Vía madrileña, por ejemplo),  se desenpolva la alfombra roja y se se saca brillo a reflectores y focos para el pre-estreno en sala de cine de las más exitosas series televisivas de la ficción nacional.
Parece ser la última moda en cuanto a promoción y pegada publicitaria, en línea con la imperante hiperespectacularización a la americana. El glamour y la fandemia, antes estaba reservado a las megaestrellas del celuloide, acompaña ahora a las jóvenes promesas y a los ídolos catódicos de las series de mayor audiencia.
El preestreno a bombo y platillo, en una gran carpa montada al efecto en el Palacio de Deportes, del primer episodio de la segunda temporada de la exitosa Sin tetas no hay paraíso, de Tele 5, arropado por la presencia del idoltrado Duque de la ficción (el actor Miguel Angel Silvestre) y su cohorte de bellezas encabezadas por Amaia Salamanca ha marcado el punto culminante de una tendencia a la que se están sumando ya la veterana y popular serie retro de TVE, Cuéntame como pasó, que ha hecho lo propio con el episodio inicial de la que ya es su décima temporada en pantalla, o el primer episodio de la tercera campaña de El síndrome de Ulises, ésta de Antena 3 y también protagonizada por el ídolo de adolescentes, Miguel Angel Muñoz.

Cabe recordar que esta estrategia mercadotécnica ya fue empleada por las cadenas la temporada anterior, con estrenos multitudinarios del último episodio de la mencionada Sin tetas no hay paraíso o el episodio-clímax de la metamorfosis y boda de la protagonista en Yo soy Bea, la telenovela de las tardes de Tele 5, si bien habría que remontarse para encontrar sus inicios a eventos similares organizados por la autonómica catalana TV3 para dar bombo y platillo a sus telenovelas de éxito.
La fórmula beneficia a ambas partes: las cadenas obtienen publicidad y presencia mediática, incluso en los informativos (convertidos en ramificaciones de márketing de las cadenas, habitualmente), multiplicándola con la sinergia autoreferencial con que suelen operar; y las salas de cine, enfermas terminales, reverdecen laureles de glamour y fanfarria, quizás por última vez.
Al menos por un tiempo, mientras la fórmula no de síntoma alguno de agotamiento y provoque el desdén del público, parece ser que los photocall sobre la alfombra roja, versión castiza, van a ser plato habitual en el menú catódico de la temporada.

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