Balance olímpico de TVE

Terminan los JJ.OO. de Pekín 2008 y el balance televisivo no puede ser sino agridulce.
Adjetivados como los de mayor cobertura informativa y seguimiento de público de la historia, la realizada por TVE ha sido desigual y discutible. No ayudaba demasiado el horario tempranamente matinal de muchos eventos, pero la decisión de centrarse en determinados deportes de alto tirón popular (fútbol, tenis, ciclismo, etc…), especialmente si estaban protagonizados por deportistas patrios, y de preterir a otros muchos marcadamente olímpicos (halterofilia, lucha libre, tiro, etc…) es una opción cuando menos discutible, lo mismo que las excesivas repeticiones en horario vespertino de según qué retransmisiones, en detrimento de la cobertura de otros deportes minoritarios y los vaivenes de cadena elegida para las principales citas (TVE1, La2, Teledeporte…). Quizás todo ello haya contribuido a que el seguimiento multimendia (vía internet o tv a la carta, en especial) haya crecido exponencialmente en esta cita olímpica.

El programa-magazine resumen de horario nocturno, Conexión Pekín, tampoco ha terminado de encontrar un tono adecuado. Excesivamente redundante y repetitivo (obsesivo empleo de montajes musicales al ralentí, por ejemplo), lastrado por la pretendidamente amena y excesivamente arbitraria presentación de un Ernest Riveras que no ha hecho olvidar a gente como Matías Prats en sus labores como anchorman televisivo de las Olimpiadas, no logró convetirse en un completo, ameno e informativamente competente resumen de las jornadas.
Tampoco ha destacado la selección de comentaristas y especialistas técnicos, lejos de otras épocas de mayor gloria de la televisión pública, lo cual, sumándose a la ausencia de veteranos periodistas deportivos de la casa a causa del plan renove en que está inmersa la cadena estatal, ha revertido peyorativamente en el contenido de las retransmisiones. Se ha echado de menos a gente como Gregorio Parra en atletismo, Luis Miguel López en balonmano, Pedro Barthe en basket, etc… y se ha echado (mucho) de más a gente como Romay o la omnipresencia informativa de una María Escario.
En resumen, un balance desigual, escasamente lucido, competente en ocasiones, pero con numerosas decsiones discutibles, cuando no incomprensibles para el telespectador aficionado.

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